El blog del curso Crítica de Arte II (UPRM)

Hoy en día se habla de que la sociedad ha avanzado tanto en el campo científico como en el social. Tal realidad resulta innegable si consideramos hechos como que actualmente los niños no son forzados a trabajar sino a estudiar. Los trabajadores tienen beneficios y turnos de ocho horas; las horas extras pagadas como tales. La discriminación racial ha menguado en un gran porcentaje, al punto de poder añadir a la historia estadounidense el primer presidente de tez negra.  Y por supuesto, no olvidemos el movimiento feminista cuyos avances les abrieron las puertas a las mujeres hacia la ciudadanía, el sufragio, la educación y por consiguiente hacia la fuerza laboral.

Basado en todo lo anteriormente mencionado podríamos decir que las minorías han obtenido poder social con el paso de las últimas décadas. En esta ocasión no discutiremos el cómo han obtenido tal poder, sino si el mismo sigue siendo empleado o si los ciudadanos han caído en un estado de coma social, y el porqué de tal estancamiento mental. ¿Pudieran sus causantes ser una extendida celebración de victorias sobre los pequeños avances logrados? ¿O quizás una carencia de motivación para encontrar soluciones a los problemas actuales? En el peor de los casos, y el más real y culpable a mi entender, la causa se abastece en la sobre confianza del progreso social conjunto a la ignorancia socialmente universal de problemas que no han sido enteramente erradicados.

Es humanamente posible explicar la veracidad de esta declaración a través de cada uno de los dilemas sociales a los cuales vemos como a un iceberg, solo su cima, su superficie. Sin embargo, el espacio de redacción apremia, y por ello me enfocare en un tema tocado y trastocado, pero aun no desechado: el feminismo. O más específicamente, no el feminismo como movimiento en sí, sino de como este no ha logrado tocar y transformar bases fundamentales de nuestra sociedad.  Por ejemplo, la visión de la religión para con las mujeres la cual en un mundo tan atado a sus acondicionamientos espirituales es esencial para la formación social de sus integrantes.

Primordialmente discutamos, de manera sintetizada, ¿qué es el feminismo? Lejos de ser lo que muchas personas han llegado a pensar gracias a quienes denominare las femi-nazis (mujeres cuyos ideales y acciones denigran a las feministas y destruyen el verdadero objetivo del feminismo al creerse superiores a los hombres y exigir privilegios), el feminismo está compuesto por personas, independientemente de su sexo, quienes buscan la igualdad entre hombres y mujeres a través de movimientos políticos, culturales y económicos.

El feminismo, al igual que el resto de los movimientos sociales que han surgido a lo largo de la historia, hizo su aparición más prominente luego de revestirse con varias capas de conciencia social. Se ha nombrado a la primera fase moderna de este movimiento como “Feminismo e Ilustración” teniendo lugar en el siglo XVIII. Es en este momento en el que la también conocida como “Polémica feminista” surge con un discurso crítico influenciado por la filosofía de la Ilustración misma. Lamentablemente durante su época estas críticas no son más que escándalos sociales. No es hasta que se manifiesta la segunda fase la cual se desarrolla durante los siglos diecinueve y veinte que el movimiento feminista toma una forma concreta. Se divide en tres “Olas”. Influenciado y fomentado por la abolición de la esclavitud el movimiento feminista se concentra al principio de esta Primera Ola en obtener la igualdad con el hombre en términos de propiedad, trabajo y privilegios matrimoniales. Para finales del siglo diecinueve el enfoque se vuelca de lleno en la adquisición del derecho de sufragio, concedido para el 1918. Con esto la primera Ola llega a la orilla y el movimiento feminista queda a la espera de la Segunda Ola vigente durante el siglo veinte. Dura desde el 1960 hasta el 1990 y se presenta con amplias ambiciones entorno a conceptos como la familia y la sexualidad de la mujer, particularmente sus derechos de reproducción, y las desigualdades laborales. A diferencia de la Primera Ola, el fin de esta llega con la emersión de la Tercera Ola la cual comienza en el 1990 y se extiende, supuestamente, hasta el presente. Esta última Ola tenía como objetivo crear conciencia y cuestionar los estereotipos de la feminidad.

Considerando ese historial de los derechos sociales obtenidos por el movimiento feminista, parece quedar claro que se ha logrado el progreso social anhelado para las mujeres. Y aunque la Tercera Ola sigue en efecto, es lógico preguntarnos ¿qué más se pueden proponer alcanzar? Luego de obtener el sufragio, trabajo, libertad sexual, propiedades, y privilegios matrimoniales, ¿no sería injustamente codicioso de su parte pedir más?

No, porque de la misma manera que el sufragio, la ciudadanía y las leyes contra el discrimen racial no han eliminado el racismo, los derechos obtenidos por el movimiento feminista tampoco han podido deshacerse del sexismo cultural. Todas estas leyes que se han implantado con el propósito de lograr la igualdad entre sus ciudadanos aún no han podido tocar las raíces de la cultura, y como consecuencia contribuyen en hacerle creer al pueblo que ha superado sus días de machismo; que el feminismo ha triunfado.

Sin embargo, la verdad es otra. El movimiento feminista solo ha colonizado la punta del iceberg del que hablaba, pero el hielo sumergido es tan enorme como resistente. Ni el tiempo ni la ciencia han logrado desarticular una corriente subterránea canonizada y respaldada por las más poderosas instituciones sociales. De un lado se encuentra el gobierno aun patriarcal en su mayoría, el cual controla y manipula las masas con armas de popularidad. Por otro, un eclecticismo religioso judío-cristiano, prehistóricamente conservador, que es el respaldo de las instituciones políticas y la base del sistema cultural de nuestra sociedad.

Para evidenciar como estas dos corporaciones utilizan métodos populares y tradicionales para continuar la implantación de una doctrina cristiana y patriarcal la cual crea y controla la cultura y sociedad presente impidiendo el éxito de movimientos como el feminismo, sacare a flote una reconocida película del año 1992 llamada “Death Becomes Her” (La Muerte se Vuelve Ella).

“Death Becomes Her” es una película de humor negro, donde la gracia está en el sufrimiento ajeno; para comenzar con las remisiones religiosas. Para el deleite personal, además de la comedia, la película cuenta con el elenco protagónico de Meryl Streep como la presumida y vanidosa Madeline Ashton, Goldie Hawn como la envidiosa y rencorosa Helen Sharp, y Bruce Willis como el inteligente y dedicado Dr. Ernest Menville. Para resumir, la película trata sobre la enfermiza relación de amigas y rivales entre Helen Sharp, una aspirante a escritora y Madeline Ashton una actriz reconocida, y las consecuencias de sus vanidades sobre sí mismas y sobre el Dr. Ernest Menville.

“Death Becomes Her” es literalmente un recuento de la historia de Adam y Eva encontrada en el Génesis, pero con un cómico toque moderno. Tenemos a un hombre, el Dr. Ernest Menville, quien con su lucha interna sobre el bien y el mal, su rechazo de la ambrosia que le concedería la inmortalidad y su salto de fe, no puede hacer papel de nadie más que no sea Adam. Junto a él, encontramos dos mujeres, Madeline Ashton y Helen Sharp, ambiciosas de belleza, inmortalidad y fama. Seguramente dos Evas o si quisiéramos aventurarnos a rescatar a esa mujer ignorada dentro del judío-cristianismo, tal vez Madeline con su independencia y simbólica “castración” del Dr. Ernest Menville nos pudiera parecer más como una Lilith. Quien es Eva y quien es Lilith pudiera ser intercalado entre nuestras protagonistas, ya que ambas se exilian de la bendición de Dios, representado a través de un vitral de la Creación de Adam de Miguelangel, cuando aceptan la manzana de la serpiente o mejor dicho el caliz de Lisle Von Rhoman.

Es todo un deleite ver la película, te ríes en cantidad y te asombras de lo bien que utilizan los efectos especiales considerando la fecha de producción de la película. Solo asegúrate de no pensar. De no considerar las implicaciones detrás de las acciones de cada uno de los personajes, detrás del hecho de que todos los seres con cualidades negativas son mujeres, mientras que las buenas cualidades son representadas en el hombre. Ignoremos el hecho de que la única persona que le hizo verdadero daño tanto emocional (abandonando a la única mujer que lo amaba, Helen) como físico (tirando por las escaleras a Madeline y matándola en el acto) fue el inocente Dr. Ernest Menville, quien tal como Adam, es dictado por el Génesis como inocentemente crédulo, ignorante del mal, y por sobre todo, incapaz de cargar con la culpa proveniente de la consecuencia de sus acciones.

Si yo fuera capaz de ignorar todo eso, lo cual no lo soy, podría desatender la destrucción de años de progreso feminista. A la vez podría aceptar como alucinaciones propias la manera en que la iglesia continua echándole la culpa de todo mal a la mujer, y de como la creación de esta película por mas cómica que sea, solo confirma el trabajo en equipo de las instituciones populares y tradicionales para continuar educando una catedra machista a las masas, reforzando sus cimientos en el innato sentimiento de culpa de las mujeres.

El mundo no ha cambiado por que las raíces de los problemas no han sido extirpadas. El hombre continúa imponiendo su belleza como superior de la misma manera que lo hacían los griegos, excepto que ahora la belleza que admiran es la espiritual. El hombre, es el ser puro, fiel, leal, dedicado, y por ello hermoso. Mientras que la mujer es relegada a sucumbir ante la mundanidad de sus ambiciones, rencores, envidia, vanidades, externalizando su pecado como fealdad física. Mujeres tan impuras no obtienen el perdón de la vida, a diferencia del Dr. Ernest Menville quien sobrevivió una caída de varios pies a través de un techo de cristal hacia una piscina por simple gracia de divina. Al contrario, ellas están destinadas a vivir el resto de su eternidad en sus putrefactos cuerpos.

Simplemente no es posible que el feminismo pueda dar otro paso hacia el progreso si subconscientemente seguimos pensando que las mujeres son el mal de la misma sociedad a la que pertenecen y para la cual trabajan. De querer un verdadero cambio, la sociedad debe reaccionar y concientizarse sobre cómo y cuándo le están lavando el cerebro.

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