El blog del curso Crítica de Arte II (UPRM)

Por: Alejandra Rentas

“Creo que deberíamos darnos un break”, estas palabras tienen el poder de remontar a cualquier persona de vuelta a un momento, que seguro se recuerda con un dolor en el pecho. Así comienza el cortometraje Alex y Fabio Ya No Están, con el final. De entrada, el espectador es invadido con sentimientos alimentados por la simpatía hacia los protagonistas. El gancho está ahí, ya sea porque has sido víctima de estas palabras o en algún momento hayas pronunciado la aterrorizante frase, uno se identifica con la trama a un nivel personal. Entonces, es muy tarde y nos encontramos sumergidos en la nostalgia y el desamparo del protagonista. Desamparo que a medida que se desarrolla el cortometraje se intensifica hasta llevar a su víctima al colapso. Por lo tanto el espectador se convierte testigo del tormento infligido por las memorias, incitadas a su vez por el desconsuelo de Alex. Esta, exactamente, era la ambición del escritor Edward Andres, y que junto al director novel, Alejandro D. Orengo, y el perceptivo fotógrafo, Fran Casillas, logró escenificar.

El cortometraje de quince minutos de duración, de cierta manera documenta la relación entre dos jóvenes homosexuales que, a pesar de tener al amor de su parte, no sobrevive como muchas otras relaciones. Resulta que el escritor, Edward Andres, se inspiró en su experiencia personal y al no saber cómo expresar las emociones que una mujer experimenta durante una relación y en el fin de esta, decidió construir la historia desde una perspectiva conocida, la del hombre. Es así como proyectó sus emociones en ambos personajes. Entonces la veracidad de las emociones conmueve al público pues, ¿quién no se ha visto en ambas situaciones en algún punto de su vida? Por lo tanto resulta interesante lo que un final puede incitar.

Como mencionado, la primera línea en el filme resulta ser la última en la relación, es por esto que el director se apoya en las técnicas del “flashback” y el “flashfoward” para crear la narrativa. Sin embargo, no se experimenta la sensación de salto entre escenas, sino que las transiciones mantienen una continuidad fluida a través de todo el montaje cinematográfico. La diferencia temporal se puede percibir en el estado anímico del personaje principal. Alex, por ejemplo, se sumerge en el recuerdo de una noche apasionada con Fabio, en esta él se muestra radiante y bastante fascinado. Sin embargo, de vuelta en el presente, Alex despierta del trance para encontrarse con el recuerdo de Fabio, personificado, atormentándolo e impidiéndole continuar en la cama con un extraño. Es entonces exquisito como se logra representar la presencia sombría de una memoria mortificante.

El hechizo del cortometraje puede ser mesurado por los diferentes elementos cinematográficos, que en armonía, nos envuelven en el torbellino de emociones que los protagonistas experimentan. El dominio de los primeros planos a lo largo del filme nos inmersa en un ambiente íntimo. Este es un factor esencial para afectar la sensibilidad del espectador hacía con la trama. De igual manera la técnica cinematográfica del “travelling” usada para seguir a Alex durante el “jangueo” recrea el caos propio de la vida de Alex sin Fabio. Caos que se regulariza en el momento que Fabio se le acerca pidiendo fuego para su cigarrillo. Entonces gracias al encuadre fotográfico, y la química entre los protagonistas, la culminación de la escena nos deja con un alivio momentáneo.

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Aprovecho entonces para distinguir la fotografía del camarógrafo, Fran Casillas. Esta es digna de reconocer por su naturaleza fresca e innovadora. Esta se moldea de acuerdo a la situación que está siendo capturada. Como es el caso del colapso de Alex, que a su vez es creado por las memorias espléndidamente recreadas por el lente creativo de Casillas. Las memorias, que inadvertidas se cuelan por las grietas de un alma quebrantada, han sido creadas  por los planos de detalles de la boca y, en especial, de los ojos de Fabio. La imagen de los ojos de Fabio, es una etérea que nos sacude emocionalmente, infligiendo en el público una compenetración con el tormento de Alex. Este, intentando huir, ahoga sus penas en los bares del ambiente nocturno en Mayagüez y borracho se apoya de un poste de luz. Aquí el encuadre corta su cabeza representando así a un Axel fragmentado, incompleto.

Los planos de detalles, por lo tanto, se convierten en una herramienta sustancial en la creación de la narrativa. Es así como Orengo, el director, nos presenta el MacGuffin, o la motivación de Alex a través de la historia. La tapa de cerveza carga consigo la promesa de Alex a Fabio mientras estos estaban juntos. Como profesa Alex: “Cargaré el aguacero sobre mi espalda, el aguacero que empaña mis esperanzas… Si te diriges a mí, aunque tenga el cuerpo herido, puedo levantarme”, esto ayuda grandemente a comprender el final. Alex es lo suficientemente fuerte para entregarle la tapa a Fabio, quien ha corrido detrás de él y le ha parado con un rostro esperanzado. Sin embargo, Alex al entregarle el MacGuffin le pasa de por si el batón a Fabio, pues nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, esta es la lección que le toca aprender.

La escasez de diálogo en Alex y Fabio Ya No Están, es admirable. No hace falta mucha conversación, lo precioso del filme es exactamente eso. Las conversaciones son las necesarias para conocer más de nuestros protagonistas, el resto se encuentra en el interior, y eso se lo dejamos a Fran Casillas, para explorar. La historia es desarrollada por una sinfonía visual. Alejandro D. Orengo explica: “…pienso que el diálogo debería ser un método de exploración para los personajes, y para darle profundidad a ellos, no un método de movilizar la trama o escupir detalles sin ser enseñados”. Profundidad lograda con la escena de la playa en la que interesantemente, Alex, es quien revela más de sus sentimientos. ¿Es esto una alegoría de su compromiso a la relación? Si lo comparamos con la reacción de Fabio, esta escena establece muy bien los roles de cada cual en la relación. Lo que a su vez es evidenciado por el comienzo del corto y la frase que provoca todo el desenfreno subsiguiente.

Es fundamental entonces aplaudir la excelencia de la producción en su totalidad. El “cast” fue elegido con unas pinzas que dotan de una precisión espléndida. Escogidos por el mismo escritor, Alex representado por Gaddiel Ruiz y Fabio personificado por John Kirkland, ambos encarnan extraordinariamente el papel de enamorados. La química es palpable, tal vez por la naturaleza franca de la relación en la vida real. La actuación es una fluida y no forzada. El cortometraje posee una calidad audiovisual admirable, considerando que fue lograda carente de presupuesto y de equipo cinematográfico avanzado.  No se siente que fue hecha en Puerto Rico, y lamentablemente, acepto que esto le pone en un status superior al de otras producciones locales. Esto se le puede atribuir al prodigioso trabajo del director.  Alejandro D. Orengo, es portador del Certificado de Cine de nuestro recinto Mayagüezano y actualmente cursa sus estudios de maestría en Cine y Televisión en Savannah College of Art and Design. En el pasado, Rincón International Film Festival del 2012, fue premiado con el Director’s Choice por su cortometraje Fulcro. Igualmente los cortometrajes de Fran Casillas, han entrado al festival en varias ocasiones. Casillas actualmente termina sus estudios en filosofía y también pertenece al Certificado de Cine, y recientemente fue galardonado con una beca para estudiar durante el verano en el New York Film Academy.

Es entonces imperativo distinguir la oportunidad que le brinda el Certificado de Cine a estudiantes pioneros en el género para poder desarrollarse profesionalmente. Cabe destacar a los estudiantes egresados del certificado, Derly Pérez y Ángel Orlando Vélez, que lograron entrar en el Festival Internacional de Cine de Cannes, Francia. Sin embargo, resulta triste que este logro no fue publicado por los medios de comunicación local y de hecho la Universidad de Puerto Rico no brindó su ayuda para que estos estudiantes pudieran asistir al festival. Aun así los estudiantes de la Facultad de Artes y Ciencia consiguieron recaudar el dinero para enviarlos. Es lamentable que logros como estos sean explotados en el catalogo de la universidad y sin embargo los estudiantes no recibieron el trato merecido de parte de la institución. Invito entonces a que nos involucremos más con este género que va por un camino de prosperidad asegurada. Pero en especial recalco que se mantengan al tanto de los proyectos de Orengo, Casillas y Andres que con sus logros han demostrado que van orientados directo al éxito. Concluyo resaltando que la esperanza de un cine apto para competir con los magnates internacionales del cine, yace en esta nueva generación de cinematógrafos puertorriqueños que acarrean el nuevo talento local.

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