El blog del curso Crítica de Arte II (UPRM)

Por Bárbara W. Pérez Rodríguez

            El  yaucano Carlos Raquel Rivera nunca aspiró a la fama o al reconocimiento por un gusto general de su obra. Sin embargo, descrito por Martorell como un artista rebelde, justiciero, cantautor de la patria y la poesía, Rivera obtuvo meritoriamente un reconocimiento en la historia del arte puertorriqueño (Martorell 22). Su evidente amor, orgullo patrio e incansable lucha por la independencia de Puerto Rico se ven constantemente presentes en su obra. Tenía un carácter rebelde, pero amó a su isla a un grado máximo, luchaba por sus valores y los defendía contra viento y marea.

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 Foto de Carlos Raquel Rivera

            Dado las infortunas de la vida, y eventualmente por su fuerte carácter, Rivera no tuvo una vida fácil. Cuando apenas tenía 8 meses de nacido fue abandonado por su padre, y no fue hasta su adolescencia que reapareció. Entonces se lo llevó a vivir con él por pedido de su nueva esposa. Pero, Carlos Raquel, debido a sus encontronazos y problemas personales, no tardó en marcharse de la casa de su padre.  Se dice que vivió en la calle por aproximadamente dos años; en la playa. Esto le obligó a enlistarse  en el ejército. Tenía que comer, no le quedaba otra opción.  Tras el ataque de Pearl Harbor, fue establecido en Hawái. Allí, durante dos años, estuvo “castigado” gran mayoría del tiempo pues su rebeldía le llevaba a incumplir con los mandatos. Pasaba gran parte del tiempo pelando papas.

Al regresar del ejército, se fue a estudiar arte a Nueva York. Al terminar sus estudios, regresó a la isla y comienzó a trabajar en diferentes talleres de arte, como: Taller de Juan Rosado, el Arte Sign Shop, la División de Educación de la Comunidad, mejor conocida como la DivEdCo, el Centro de Arte Puertorriqueño (CAP), entre otros. Además trabajó en conjunto con varios artistas importantes de la conocida Generación del Cincuenta. A pesar que fue dibujante, pintor, escritor, talentoso y creativo en cada uno de ellos, su aportación más significativa fue en el medio gráfico. Como es notable, en la gráfica puertorriqueña se destaca, de gran manera, un afán en representar la realidad del puertorriqueño. Con paisajes, escenas cotidianas que buscan retratar o de igual modo criticar, muchos artistas también plasmaban sus desacuerdos con la política y autoridad. Según expone Marimar Benítez, la gráfica de Carlos Raquel Rivera es un ejemplar de esto, pues en unas obras exalta la realidad del pueblo, mientras que en otras identifica las deplorables condiciones sociales con el régimen colonial norteamericano (Benítez 123).

Un perfecto ejemplar de esto es su linóleo titulado “Huracán del Norte” de 1955, ganador del Premio de las Naciones en la Primera Bienal Mexicana de 1958. Esta obra, impresa en negro sobre papel blanco, es de aspecto tétrico, fúnebre y sombrío. Presenta una diversidad de personajes, hombres y mujeres, que vuelan siguiendo al personaje principal de la obra: una figura con rostro de carabela quien lleva como señuelo una bolsa de dinero. Sus rostros reflejan angustia, desespero, y compiten unos con otros, halándose,  para llegar hasta el señuelo. Al fondo, en un segundo plano, se pueden apreciar muchas casitas muy conglomeradas, todas de madera y techo de zinc, un perfecto de retrato del típico barrio, de una comunidad de clase baja. Es menester señalar la magistral destreza técnica del artista y su gran atención por el detalle, ese que atrapa al espectador ante ella, haciéndolo descubrir cosas nuevas en cada rincón de la misma.

Por Carlos Raquel Rivera (1955)

“Huracán del Norte”

Por Carlos Raquel Rivera (1955)

Linóleo, Colección Privada

Marimar Benítez explica esta obra como una alegoría de los efectos nefastos de la presencia norteamericana en Puerto Rico (Benítez 123). Sin duda alguna, gran cantidad de personas sufrían necesidades y querían llevar el pan a su hogar. Así pues el gobierno americano tomaba ventaja sobre eso para abrirse paso y manejar la situación política en la Isla. Es por esto que podríamos deducir que Rivera pretende manifestar su indignación ante la reacción de su pueblo y a su vez de los americanos; pues ellos tenían el dinero y el poder, y los puertorriqueños por su parte, tenían muchas necesidades. Y en una situación económica como ésta, nuestros jíbaros cedían ante unas pocas monedas.

Otra de sus obras más relevantes, también un linóleo, es “Elecciones Coloniales”, de 1959. Esta obra, tiene una historia bastante interesante que refleja el ideal, quizá considerado irreverente para algunos, de su creador. Resulta que, inicialmente, esta obra era más grande. Fuerte e imponente, con un sombrero militar y bordeado de soldados que atacan, preside la escena, posada ante la multitud que caía al precipicio, el máximo ícono estadounidense: un águila.

“Elecciones Coloniales” (primera versión)

Por Carlos Raquel Rivera (1959)

Linóleo, Colección Privada.

Rivera realizó algunas pruebas de estado y de artista, pero posteriormente, tras un análisis de su obra, decidió picar la plancha de linóleo y eliminar la parte superior. Pensaba que tenía un águila muy imponente, y que no le debía tanta importancia al imperio. Así que en la versión finalmente decidida por el artista, apenas se puede percibir el águila, pues solo se aprecia parte de sus alas, de modo que notamos su presencia, pero no nos provoca sentir una valoración por ella. En esta se enfatiza mayormente el tumulto de personas quienes, seguidos de lo que aparenta ser una caravana, van cayendo por el precipicio

 elecciones coloniales final.jpg

“Elecciones Coloniales” (versión final)

Por Carlos Raquel Rivera (1959)

Linóleo, Colección Privada

            Pero la historia de esta obra no termina aquí. Martorell relata, en un artículo para la revista Boricua, sobre una invitación que le hicieron a Carlos Raquel para participar en una exposición colectiva en el Museo de la Universidad de Puerto Rico y este la declinó por motivos de ideal político. De algún modo, los organizadores se las ingeniaron para conseguir su obra y la montaron en el Museo.

El Museo obtuvo en préstamo un cuadro del pintor que éste había vendido ya hacía algún tiempo. La noche de la inauguración, Carlos Raquel, que ya estaba advertido del préstamo, se personó en el Museo y en actitud taciturna pero cortés se dirigió a donde estaba colgado su cuadro, procedió a descolgarlo con sumo cuidado y con una hacha lo hizo añicos, dio media vuelta, mordisqueó un “buenas noches” y se marchó a su casa (Martorell 22).

Finalizando una entrevista que me fue concedida por la hija de Rivera, me informó que la obra en cuestión había sido “Elecciones Coloniales” (Rivera 12).

Carlos Raquel Rivera, como un ferviente luchador por la independencia de Puerto Rico fue, en repetidas ocasiones, una víctima injusta del sistema por sus convicciones (Tió 304). Las vivencias experimentadas durante su infancia y juventud en su barrio en Yauco, posteriormente en Puerta de Tierra, los dos años que vivió en la calle y en la playa,  el racismo al que se tuvo que enfrentar mientras estuvo en el ejército, los atropellos y las encarcelaciones a  los que se enfrentó por protestar o hacer desobediencia civil; todas estas fueron las protagonistas y musas en la  producción de sus trabajos, tanto en la poesía como en el arte. Sin duda alguna, éstas lo encaminaron y lo formaron como artista. De tal manera que muchos coincidiríamos en la idea de que el arte salvó su vida, pues de cierto modo logró, mediante este, canalizar su rebeldía y sus corajes y así refutarle al gobierno y al imperio que tanto aborrecía, la miseria y la opresión en su patria.

Referencias

Benítez, Marimar. “La Década de los Cincuenta: Afirmación y Reacción”. Rico, Hermandad de Arstistas Gráficos de Puerto. Puerto Rico: Arte e Identidad. San Juan: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1998. 115-139.

Martorell, Antonio. “Carlos Raquel Rivera: El garabato iluminado”. Boricua (2000): 21-23.

Rivera, Rosa. Entrevista a familiares de Carlos Raquel Rivera Bárbara W. Pérez Rodríguez. Añasco, 5 Abril 2012. 12.

Rodríguez, Bárbara Pérez. “La afirmación de la nacionalidad puertorriqueña mediante el arte a partir de la generación del cincuenta: Una comparación entre la obra de Rafael Tufiño y la de Carlos Raquel Rivera”. Investigación de Bachillerato, UPRM. Mayagüez, Mayo 2012.

Tió, Teresa. El Cartel en Puerto Rico. Ed. Milagros Pastor. México: Pearson Educación, 2003.

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