El blog del curso Crítica de Arte II (UPRM)

Demoliendo Historia

Por:   Ana V. Rodríguez Rodríguez

Desde hace muchos años, en el pueblo de Ponce, siempre me habían interesado unas viviendas que se encontraban por la Avenida Hostos, esquina Avenida La Américas, cerca de donde se encuentra la Pontificia Universidad Católica de Ponce. Eran unas casas bastante antiguas, y se encontraban en estado de deterioro. También siempre me había dado curiosidad ver como unas viviendas de tan elegante fachada, se encontraban ese estado. Me preguntaba como era posible que a nadie le interesaran esas estructuras y ni habitase en ellas.

Veo claramente en mi memoria tres de esas estructuras. Eran casas de madera con su base en concreto, estaban pintadas con colores pasteles (que con el paso del tiempo se veían pálidos). Además de que eran edificaciones en madera, tenían una cierta delicadeza  atractiva, que automáticamente nos comunicaba que esas casas no eran pertenecientes a personas de la clase pobre. Pero en ese terreno no sólo estaban esas viviendas, sino que había otras cuatro estructuras.

Foto: Cortesía del Sr. Eduardo Questell

Foto: Cortesía del Sr. Eduardo Questell

Lo más sorprendente sucedió hace algunos meses atrás cuando, como de costumbre, pasaba por la Avenida Hostos, y de sorpresa, las estructuras tan perfectas que se encontraban allí habían desaparecido; vino a mi conocimiento que esas viviendas fueron destruidas. De repente sentí que habíamos perdido un pedazo de nuestra historia.

Al percatarme de esta aberración, sentí el deber de buscar información sobre esas edificaciones. Y lo que pude hallar concerniente a las estructuras, lo encontré en uno de los textos del Sr. Eduardo Questell y Asociados. El texto nos informa que esas casas eran parte de una hacienda llamada “La Reparada”. Y el terreno en donde se encontraban esas estructuras, fue vendido a la Pontificia Universidad Católica de Ponce el 8 de agosto de 1977.  En esa área en específico se encontraban siete estructuras de las cuales una de ellas, fue diseñada por el arquitecto ponceño Alfredo B. Wiechers. Y esas siete estructuras de un valor histórico incalculable serán sustituidas por un edificio que formará parte de la Pontificia Universidad Católica de Ponce.

No es que solamente se le dé importancia a la casa que fue diseñada por el famoso arquitecto ponceño, sino que las otras edificaciones que fueron demolidas también eran importantes. Además, al haber sido diseñada por el Sr. Wiechers, a esta casa se le atribuye una importancia histórica inestimable.

Alfredo B. Wiechers fue un arquitecto nacido en la ciudad de Ponce en el 1881. Él tomó sus estudios en “L’École Speciale d’Architecture” en París, desde 1901 hasta 1905. Trabajó brevemente en Barcelona antes de establecer su práctica privada en Ponce. Su mayor obra es la casa Wiechers-Villaronga, la cual es una estructura que se encuentra en el pueblo de Ponce y se destaca por su belleza, ornamentación neoclásica y “art noveau”. Hoy día, luego de ser renovada fue convertida en un museo, y es administrada por el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

La casa Wiechers Villaronga fue diseñada en el 1911 por el  célebre arquitecto ponceño, y fue construida por Elías Concepción Albizu en ese mismo año. Luego, siete años después fue adquirida por la familia Villaronga Mercado. Esta bella mansión está decorada con adornos hechos de escayola, unos muy coloridos vitrales, pilares entre otros. El interior de la mansión es muy acogedor y placentero. El techo es un poco más alto de lo normal, y esto permite que haya mucha más ventilación dentro de la estructura. Los pisos de la mansión fueron hechos de tabloncillo y su diseño le daba este cierto aspecto de alfombra. Uno de los elementos que más interesan de la mansión es el mirador, el cual es accesible por medio de unas escaleras de metal en forma de caracol que se encuentran en el patio. Ese mirador el Sr. Wiechers lo utilizaba para hacer guardia y, luego de terminar, se iba a trabajar a su estudio. En el patio interior cabe destacar que es bastante espacioso y hay un pequeño jardín que tiene una pequeña estatuilla de la Virgen que embellece el aspecto del patio.

Como ya mencioné anteriormente, la casa Wiechers-Villaronga, tiene una importancia histórica transcendental pero, la casa que derrumbaron que fue diseñada por el mismo arquitecto, ¿no merece ser reconocida de igual forma o por lo menos ser valorada como una edificación histórica?

Foto: Archivo Histórico  Municipal de Ponce

Foto: Archivo Histórico Municipal de Ponce

Según los datos que encontré en los textos del Sr. Eduardo Questell y Asociados, prácticamente todas las estructuras situadas en ese territorio que pertenecían a la hacienda “La Reparada” habían sido modificadas. La casa que diseñó el Sr. Wiechers fue reconstruida para Don José M. Morales en noviembre del 1918 tras haber sido derrumbada por un terremoto. Esto nos informa de que si la casa iba a ser reconstruida, por lo tanto era entonces mucho más antigua de lo que se pensaba que era originalmente. Y entonces, si la casa era mucho más antigua, ¿no podríamos decir que esta vivienda se debió reconocer como un patrimonio nacional al igual que la tan famosa casa Wiechers-Villaronga?

Foto: Cortesía del Sr. Eduardo Questell

Foto: Cortesía del Sr. Eduardo Questell

Finalmente lo que me queda por expresar por medio de este ensayo es que, honestamente, pienso que es una lástima que se haya tomado la decisión de demoler estas casas. Me hace preguntarme si el pueblo alguna vez sabrá lo que perdimos por medio de esa acción tan devastadora. No sólo porque eran hermosas edificaciones, sino porque al demoler las casas perdimos un pedazo de la historia del pueblo. También me pregunto qué nos podrían haber contado esas casas. Me imagino que con simplemente observarlas y estudiándolas con detenimiento hubiésemos podido saber cómo la gente vivía en esa época, cuáles eran las tendencias que se utilizaban en los hogares de la gente, entre muchas otras cosas. Comprendo y queda claro que el pueblo si ganará conocimiento con la posible construcción que se proyecta realizar como parte de la Pontificia Universidad Católica, pero no obstante ¿a qué precio?, ¿qué costo pagamos por este conocimiento? Por una parte ganamos, pero por otra parte perdimos un valor histórico que jamás volverá a nosotros.

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